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Detalle
Domingo 22 de Febrero del 2009
El otro día leyendo la Sagrada Escritura, leía el pasaje de Salomón cuando dos mujeres se presentan ante él para que haga justicia, pues cada una de ellas dio a luz a su bebé pero en la noche una de ellas, al dormirse sobre él el niño éste murió, y lo cambio por el niño vivo y ahora cada uno argumentaba que el niño vivo le pertenecía. Salomón después de escuchar a cada una de ellas, finalmente llega a descubrir quien de ellas era la que mentía y da el niño vivo a la verdadera madre. Esto me llevó a reflexionar en lo importante que es saber ESCUCHAR. Ordinariamente, en le mejor de los casos, lo que hacemos es simplemente OIR. El escuchar es lago que involucra todo nuestro ser, espacialmente el corazón, en donde reside la sabiduría de Dios. Cuando solo estamos oyendo, nuestro mente y nuestro corazón están en otro lado, o bien ya están buscando, antes de terminar de oír, la respuesta o defensa de lo que se le está comunicando. Esto en no pocos casos es uno de los factores que impiden que un problema pueda resolverse adecuadamente. El escuchar implica paciencia y total atención hacia el otro sin hacer, antes de que la persona termine de hablar, ningún juicio. Esto nos permite llegar a conocer con profundidad lo que la otra persona está buscando expresar, no sólo con sus palabras sino con el corazón. Es increíble que en este tiempo en que parecería que dominamos los medios de comunicación y que somos capaces de comunicarnos por miles de medios a grandes distancias y con miles de personas al mismo tiempo, estemos realmente viviendo una era de total incomunicación que hace que se desaten la guerras, que prive la injustita, que las familias se destruyan y que la amistad esté cimentada sobre bases totalmente débiles. Como Salomón, mientras el otro habla, haz silencio en tu interior, no hagas juicios apresurados, y antes de hablar, deja un segundo reposar en tu corazón lo que te han dicho y pide al Espíritu Santo que te ilumine, y solo hasta entonces, habla.
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