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Detalle
Domingo 10 de Mayo del 2009
La celebración del DÍA DE LAS MADRES llena de alegría nuestros corazones al festejar a aquella que con tantos desvelos nos ha ido formando y guiándonos por el camino. Quiero invitarlos a que esta alegría no sea solo el de la fiesta que seguramente todos organizaremos para nuestras mamás, sino ir más allá, ya que la fiesta no dura más que unas horas, a lo sumo. La fiesta de las Madres nos habla de una persona que es todo un misterio envuelto en la gracia de Dios, una persona que poco conocemos porque poco conocemos el misterio de Dios. Su santidad Juan Pablo I nos decía que Dios es Padre y Madre y es de ahí, parafraseando a san Pablo, de donde procede toda Maternidad. Dios ha querido compartir de una modo especial el don de la vida, de la cual solo él es autor, con nuestras mamás y es por ello que en ellas se esconde el misterio de su Amor. Quizás esta sea la razón del porque son tan sufridas ya que son capaces de quitarse el mismo pan de la boca para dárselos a sus hijos; son tan abnegadas que pueden pasarse días y noche sin dormir mientras velan nuestros sueños; son tan serviciales que no importa cuál sea nuestra necesidad que buscarán la forma de satisfacerla; pero sobre todo son tan calladas, que la mayoría de las cosas que hacen solo ellas y Dios las conocen. Mientras nosotros estamos en la escuela o en el trabajo, aun cuando ya hayamos dejado el hogar para vivir la vocación a la que Dios nos llamó, en casa y en su corazón se opera un servicio oculto y lleno de amor para cada uno de nosotros. Por eso, que bueno que hoy las festejemos, pero que no quede aquí, es necesario que todos los días las tengamos muy presentes y busquemos con todas nuestras fuerzas devolverles día con día, algo de todo el amor que ellas no han dado a lo largo de nuestra vida. Pidamos al Señor poder profundizar más en Su misterio para así amar y servir mejor a nuestras queridas y amadas mamás.
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