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Detalle
Domingo 24 de Mayo del 2009
Con cuanta razón el Salmista dice: “Cuanta alegría se encuentra al compartir con los hermanos”. Cuando veo en la comunidad la alegría de los jóvenes, la fraternidad de las familias, el bullicio de los niños, no me queda duda de que la vida que Jesús nos trajo por medio de su muerte y resurrección se experimenta con toda su fuerza cuando nos reunimos para compartir nuestra vida con los demás. Es en la comunidad en donde encontramos el espacio en el que Dios nos bendice, nos coma de alegría y nos conduce hacia el Reino. Es por ello que debemos al salir de la Misa, darnos tiempo para saludarnos, para compartir un elote, o una paleta de hielo, o simplemente para compartir un saludo y un abrazo; para gozarnos en lo que Dios va haciendo también en la vida de nuestros hermanos de comunidad. Más aun, esto debe prolongarse y tener su fuente y culmen en las reuniones familiares, las cuales, en medio de un mundo tan complicado debemos “inventar los espacios” para encontrarnos continuamente. No permitamos que el acelere de este mundo modernos nos prive de gozar de la compañía, de la amistad y del amor de los que nos rodean. Démonos tiempo para estar con ellos y “perder” nuestro tiempo hablando de nuestras cosas, de nuestra familia, de lo que Dios hace en nosotros por medio de su Espíritu. Hagamos de cada encuentro con el hermano una verdadera fiesta.
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