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Detalle
Domingo 14 de Junio del 2009
Una frase que siempre me ha gustado de San Agustín es la que reza: “No puedo amar lo que no conozco”. Con ella expresa esa búsqueda que siempre tuvo de Dios. Hay nuestro mundo no conoce a Dios y por eso no lo ama. La experiencia más cercana que tiene de él es haber oído hablar de él; saber que ha puesto una serie de normas, que a la postre resultan difíciles de cargar y de observar; que es bueno y que cuando “se te atora la carreta” puedes acudir a él para que de la misma forma que llamamos a los bomberos en un incendio, así también venga Él a resolverte las cosas. Todo esto sólo muestra que efectivamente el hombre de hoy no conoce a Dios. El conocer no es solo saber de las personas sino tener una relación personal que llega a involucrar todo el ser de la persona. El concepto bíblico de conocer es tan profundo que lo identifica con la intimidad que tienen el esposo y la esposa. Este desconocimiento de Dios nos ha llevado a no amarlo, y a lo que es más grave aun, a no experimentar su amor en nuestra vida, y esto, es realmente trágico: creados por y para el amor y pasar nuestra existencia sin experimentarlo y sin conocerlo. Dios quiere tener una relación amorosa con todos y cada uno de los seres humanos y para ello envió a su Hijo hecho como uno de nosotros para acercarse todavía más a nosotros. Inicia con Él una aventura de amor… conócelo… camina con él… escúchalo… deja que su amor te cautive… Te aseguro que esta es la experiencia fundamental de la vida humana; no te la pierdas.
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