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Detalle
Domingo 2 de Agosto del 2009
Uno de los grandes males de la humanidad ha sido siempre el sentirse independientes. Ya desde el paraíso, Dios le proponía al hombre que por amor dependiera de él, que aunque no entendiera el “por que” de sus leyes confiara plenamente en Él. Sin embargo prefirió el camino de la independencia que le proponía el Demonio y desobedeció, con las terribles consecuencias que hoy vivimos en nuestro mundo. Y esta historia se repite no sólo en el ámbito espiritual, en donde el hombre continua queriendo hacer su vida al margen de Dios y no confiando en su leyes, estableciendo sus propios criterios y caminando solo por el camino que sólo lo sigue conduciendo a su propia destrucción. Pero además, este deseo de independencia se manifiesta incluso en nuestras relaciones personales, en donde nos cuesta mucho trabajo confiar los unos en los otros… en donde la falta de amor nos lleva a una independencia suicida. Sin embargo Dios no se rinde y busca por todos lo medios ayudar a nuestra pobre ceguera y no tengo dudas de que tanto la pobreza como la enfermedad son dos recursos terapéuticos que Dios utiliza con notros para ayudarnos a abrir nuestros ojos y nuestros brazos hacia Él y hacia los demás. Cuando uno está enfermo o pasa por una situación de pobreza se ve obligado a depender de los demás, porque aunque seamos muy independientes, aun valoramos nuestra vida y sabemos, en esas situaciones límite, que sólo con la ayuda de los demás podremos subsistir y seguir adelante. Por ello, aunque la mayoría de las veces estas situaciones en nuestra vida nos parecen una desgracia, en realidad no lo son. Son por el contrario una gran bendición que nos ayuda a regresar al único camino que finalmente nos puede hacer felices: Amar y dejarse amar… ser dependientes de Dios y de los demás. Esto, lejos de cancelar nuestra libertad, la enriquece y la dirige hacia la vida. La independencia, sólo será libertad cuando ésta dependa amorosamente de Dios y se deje amar por él y por sus hermanos. No despreciemos estas medidas terapéuticas de Dios, ellas serán la fuente de la verdadera vida.
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