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Detalle
Domingo 27 de Septiembre del 2009
Esta semana me he puesto a reflexionar sobre, como el mundo de hoy ha ido saliéndose poco a poco y sin darse cuenta del proyecto de Dios para el hombre. Hemos ido alejándonos de Dios de una manera tan sutil que el demonio hoy nos hace creer que estamos cerca y en realidad estamos, como se dice hoy, “a tres cuadras del desfile”. Un tema que es poco evidente se refiere por ejemplo a nuestros roles dentro de la familia y en general de la sociedad. Solo para dar un ejemplo veamos como hoy los muchachos, de manera especial las chicas, no consideran el matrimonio como una “vocación” sino como un simple estado de vida. Esto hace que no se preparen y orienten hacia el llamado que Dios hace a cada uno de nosotros. Hoy nuestra juventud se preparar para “triunfar”, para ganar más dinero, para poder entrar en la fiera competencia por el empleo y la posición social que hoy el mundo propone. Son realmente pocos los que piensan en casarse como una vocación que, por un lado requiere preparación, y por otro, consagración y entender lo que esto implica. Por ello, hoy los muchachos se casan y ambos continúan trabajando creando con ellos vidas paralelas y un hueco tremendo en las vidas de ambos, pues al final de la jornada llegan los dos cansados, y los roles que cada uno debía de realizar en casa se ven disipados. Esto se presenta de forma más crítica en la mujer cuyo rol, de acuerdo a la Escritura y al proyecto de Dios, es cuidar de su hogar, educar a los hijos, y ver que todo en torno a ella gire de manera armoniosa y amorosa. Si bien es cierto que habría muchos otros motivos y factores, debemos admitir que el haber dejado los roles propios de cada uno en la vida matrimonial según el proyecto de Dios, es una de las principales causas de los fracasos matrimoniales. Volvamos a las bases de nuestro proyecto de creación y respetemos los roles que Dios ha marcado en nuestra vida según nuestra vocación.
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