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Detalle
Domingo 25 de Octubre del 2009
Esta semana reflexionaba sobre el tema de la creación y me maravillaba de nuevo ante las palabras: “Entonces el SEÑOR Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente”. Con estas palabras el autor nos ayuda a darnos cuenta de que nuestra vida procede del Espíritu de Dios que nos habita y esto es lo que nos hace ser como Él: libres y con una capacidad ilimitada para dar y recibir el amor. De hecho, es el mismo Espíritu el que nos impulsa a ello. Pensaba: “que triste es que habiendo recibido este Espíritu para ser libres y amar, haya hoy en día tanta gente en prisiones oscuras y que no tengan amor y no amen”. Y pensaba, no preciosamente en las prisiones en donde ponen los hombres a quienes infringen la ley, sino en las prisiones que vamos construyendo nosotros mismos y en las cuales nos metemos privándonos de la luz y de la felicidad. Son muchos los que viven en esta situación y necesitan ser liberados por Cristo, para regresar a Luz y a la vida. Desde Jesucristo el hombre renace a la libertada liberándose de todas las cadenas que a lo largo de la vida lo van anclando y sumiéndolo en depresiones, angustias, ansiedades, que en no pocas veces lo llevan a la violencia y a la desesperación. Desde la liberta, el hombre se convierte en el sujeto y el objeto del amor de Dios y de los demás y esta experiencia es altamente gratificante y vivificante. No hay nada más precioso que poder amar y ser amado. Es por ello necesario que el hombre tenga un encuentro liberador con Cristo que lo regrese al estado original que lo llene de su Espíritu y le posibilite el amar plenamente desde lo que san Pablo llama: “la libertad de los hijos de Dios”. Hermanos, hemos sido creados para la libertada y para el amor, vivamos con intensidad esta hermosa experiencia.
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