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Detalle
Domingo 8 de Noviembre del 2009
En estos días, Dios me ha concedido la oportunidad de visitar regiones del mundo muy lejanas, y lo que he podido comprobar es la inmensa necesidad que ellos, al igual que nosotros, tienen de Dios. La misión de llevar el Evangelio, está todavía muy lejos de alcanzar su plenitud. Son miles de millones de hermanos que todavía no conocen a Dios y muchos de ellos caen con facilidad en las trampas del demonio que los arrastra al materialismo y a la destrucción de sus propias vidas. He comprendido que ser misionero realmente se refiere a gente, gente por la que Cristo murió y que sin nosotros no podrán alcanzar la plenitud de la vida que con su sangre Cristo nos consiguió, y poniendo en grave riesgo su salvación eterna. Pero también comprendí, que para que el Evangelio llegue es necesario morir a uno mismo, es necesario estar dispuesto a pasar noches sin dormir, días sin comer, a abrazar la cruz y a renunciar a todo lo que pueda impedir que el mensaje se extienda. Tristemente hoy, la mayoría de nuestros cristianos no están dispuestos a renunciar a nada, a pasar necesidad e ninguna tipo. Y me queda claro que sin la cruz de Cristo será prácticamente imposible que el Evangelio toque el corazón de la gente. Es pues necesario, mis queridos hermanos, que cada uno, desde su propia vocación y estado de vida, busque la forma de llegar a los que o no conocen o peor aún, no aman de Jesús nuestro Señor. Que seamos capaces de dejar la comodidad de nuestra casa y lanzarnos como verdaderos misioneros en nuestros propios barrios y ambientes. Que aprovechemos todas nuestras reuniones, para sin miedo hablar de Aquel que dio si vida por nosotros. Hace falta todo un ejército para avanzar…. Cerremos filas con Jesús y busquemos se un instrumento de su gracia como lo fue nuestra Madre Santísima.
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