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Domingo 3 de Enero del 2010
Al inicio de este año, que se nos presenta como un regalo de Dios para construir una sociedad en la que Cristo sea el centro y rey de los corazones, es importante hacernos concientes que nosotros los cristianos, debemos, como nuestro Maestro, ser los promotores del evangelio y de todos sus valores, entre ellos, quizás hoy los más importantes, la justicia y la paz. El Papa, en su mensaje anual por el Nuevo Año, nos invita a abrir nuestro corazón a este don de Dios y a ser constructores de una nueva sociedad en la que el respeto y la justicia, producto del amor, lleven al hombre a vivir en paz. Estas iniciativas deben iniciarse en nuestros propios hogares, en donde es necesario abrirnos a un DIALOGO AMOROSO entre todos los miembros de la familia, lo cual implica reconocer que no siempre tengo la razón, que el otro, aun siendo más pequeño, tiene su propia verdad la cual debe ser escuchada y tomada en cuenta. Implica también renuncia y generosidad, a fin de complacer a aquellos que amamos, elementos fundamentales en la construcción de la paz, mismos que no son posibles de vivir sin un trato frecuente y amoroso con Dios. Propongámonos para este año que el Evangelio, revestido de caridad y justicia, sea la norma de nuestra vida familiar.
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