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Detalle
Domingo 10 de Enero del 2010
Con la entrada de los niños a la escuela la actividad en la casa va regresando a la normalidad. Es pues tiempo también de que nuestra vida espiritual regrese a su ritmo normal. Debemos aprovechar este tiempo para reorganizar nuestro tiempo de oración, que es lo que generalmente se descompasa en los periodos vacacionales cuando todo en la casa se ve alterado. Recordemos que la vida de oración es la que sostiene toda la estructura espiritual, por lo que debe tener un lugar especial en nuestro día. Ese tiempo a solas con el Señor nada lo substituye, pues es el momento en donde el alma se recrea con él, el Espíritu Santo la Instruye y la fuerza y alegría de Dios se desarrollan en el alma. Sin esto nuestra vida se enfría y decolora. De hecho, podrán haber notado cómo durante este periodo vacacional algo falta en la vida y el corazón. A pesar de tener tanta algarabía el corazón no llega a experimentar la paz y con frecuencia nos vemos movidos al desorden. Esto es porque el alma está usando los recursos que venía acumulando pero que siempre serán escasos en una vida tan agitada como la que hoy vivimos. Junto con esto, debemos recuperar también nuestro tiempo para leer y meditar la Palabra de Dios. En la medida en que meditamos la Palabra, ésta se va adhiriendo a nuestra vida hasta que llega a ser parte de ella. Así nuestros criterios, nuestra manera de hablar, de pensar y de actuar estarán siempre regidos por la Palabra que da Vida. Con estos dos ejercicios, toda nuestra vida se prepara a la primavera espiritual y dejando atrás el frío del invierno, trae a nuestra vida el perfume del amor de Dios. Aprovecha pues este tiempo para que tú y tu familia reincorporen a su vida la experiencia espiritual, que no se podrá tener si no dedicamos un buen rato a la oración y a la meditación.
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