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Detalle
Domingo 17 de Febrero del 2008
Hace muchos siglos, en cierta ocasión el Señor dijo: “La mies es mucha y los operarios pocos. Oren pues al dueño de la mies, para que envíe operarios a sus campos”. Ha pasado el tiempo y la situación es la misma… es más, diría yo que es todavía más apremiante, pues hoy, gracias a los medios de comunicación modernos, nos damos cuenta de la falta de sacerdotes en todo le mundo. Simplemente en nuestra diócesis, formada por más de 4 millones de personas, la mayoría de ellas bautizadas, cuenta con solo 600 sacerdotes. Esto hace que cada sacerdote tenga que encargarse de la Evangelización de cerca de 7,000 personas (esto sin contar los sacerdotes enfermos y los que atienden ocupaciones diversas, como es la cancillería, etc.). Sería hoy, pues, muy oportuno, al celebrar en nuestra diócesis el día del Seminario, ponernos a reflexionar: ¿Qué he hecho yo para que haya más operarios en la mies? Si bien es cierto que la primera acción que debemos hacer, como ya nos los decía el Señor, es orar, debemos preguntarnos: ¿he orado, no solamente para que haya más vocaciones, sino para que una de ellas salga de mi propia casa? Mis amados hermanos, los sacerdotes salimos de las casas normales de las familias cristianas… Sí, siempre estamos pidiendo al Señor que haya sacerdotes. Pero, ¿cuándo le has dicho: “Toma Señor uno de mis hijos y conságralo a tu servicio”? Si nosotros, en nuestras casas, no proponemos a nuestros propios hijos, desde que son pequeños el sacerdocio como una elección maravillosa de vida al servicio de Dios, será más difícil que los jóvenes escuchen el llamado de Dios. Oremos hermanos, pero oremos para que de las familias de la comunidad Dios nos dé muchos y muy santos sacerdotes.
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