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Detalle
Domingo 18 de Mayo del 2008
Una de las cosas que más afectan en nuestras relaciones humanas es el hablar sin conocimiento de causa, dejándonos llevar solo por los rumores. El libro del Eclesiástico nos dice: “Sin haberte informado no reprendas ni juzgues, infórmate, reflexiona primero y haz luego tu reproche” (Eclo 11,17). Cuando nos dejamos guiar por lo que se escucha entre la gente, ordinariamente nos vamos formando una opinión equivocada, pues por lo general los rumores son apreciaciones equivocadas de la realidad que se van agrandando ya sea por exageraciones, o por que cada persona que lo repite más adelante le va agregando elementos que terminan por desvirtuar totalmente la realidad. Esto es tan peligroso que se puede llegar incluso hasta la calumnia, que es un pecado grave que exige reparación. Es por ello que en la comunidad tiene efectos devastadores, y no puede tener otro origen que el mismo demonio, pues va separando y dividiendo. Es muy importante que cuando oímos una crítica sobre alguien la detengamos, invitemos a quien nos la hace a reflexionar, a informase bien de lo ocurrido y en caso de haber verdad en lo que se dice, ir directamente con el afectado y hacérselo saber. De esta manera la verdad permanece en el corazón, la persona afectada, sabrá sobre sus defectos y así buscará remediarlos, y la paz permanecerá en todos los corazones. No permitamos que la falta de prudencia dañe o empañe nuestras relaciones: Dejémonos conducir por la fuerza del amor.
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