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Detalle
Domingo 3 de Agosto del 2008
Uno de los elementos de la educación más importante es la educación en la fe, ya que si bien la educación humana es fundamental si queremos que nuestros niños alcancen la plenitud de la vida y puedan ser hombres y mujeres de bien para la patria, para la sociedad y principalmente para sus hogares, la formación religiosa es la que, no solamente ayudará a la primera, sino que les dará la garantía de ser felices en este mundo y, sobre todo, en otro. Esta educación se inicia y consolida en el hogar, ya que si es cierto que los principios catequéticos y bíblicos los recibirá en la Iglesia, la vida cristiana es algo que solo en la casa se pude aprender y consolidar. El ejemplo de los padres es la mejor herramienta que tenemos para educar a los niños, pues no solo lo ven de sus padres, sino que con ellos lo practican continuamente hasta ir logrando que la religión no sea solo un cúmulo de principios y reglas, de conocimientos abstractos, sino, como nos lo propuso Jesús, una verdadera vida vivida en el Espíritu. Esto por supuesto que requiere de parte de los padres de familia una atención especial en la que diariamente no solo se esté al pendiente de que el niños vayan memorizando los conceptos y a la enseñanza bíblica, sino incluso la repetición de prácticas fundamentales como son la oración a la hora de comer, de dormir y sobre todo en la mañana antes del empezar el día. Como en todo, hay que ir viendo los avances y en su caso retrocesos. Estar al pendiente de sus amistades, de lo que ven, de lo que oyen, de los que platican entre los hermanos. Es por ello que la paternidad es una gran responsabilidad cristiana, pues es desde donde se forjan a los grandes hombres y mujeres de Dios
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