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Detalle
Domingo 7 de Septiembre del 2008
Entre más convivo con la gente, no deja de sorprenderme la tremenda necesidad que tiene nuestro mundo de una renovación en la vida cristiana. Aun en las personas cercanas a la Iglesia encontramos los rastros de la tremenda influencia del mundo, en los términos que san Pablo lo propone, especialmente en la gran indiferencia por ser un instrumento de Dios para la Evangelizacion. Nos vamos acostumbrando a ver lo que no es cristianos como algo natural que pertenece a nuestra vida… Es necesario que la luz del Espíritu brille con fuerza en nuestros corazones y nos impulse a llevar la buena noticia de Jesús a toda esta inmensa comunidad que se ha sumido en la indiferencia y vive como si no existiera Dios, como si nunca fuera a terminar su vida, o como si al final de la vida no hubiera nada… viviendo solo el momento, disfrutándolo al margen de los principios evangélicos. Gente que no va a misa, con no se confiesa, que no tiene el menor interés de conocer a jesus ni su evangelio. Gente que no solo pone en peligro su salvación eterna, sino que no disfruta esta maravillosa vida, que vida en el Espíritu es toda una experiencia de felicidad, de armonía y de paz. Es importante que cada uno de nosotros despertemos de este letargo y viendo nuestro alrededor busquemos influir para que los que están a nuestro alrededor puedan tener vida y la tengan en abundancia.
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