 |
|
 |
Detalle
Lunes 10 de Noviembre del 2008
El vivir una vida tan veloz como nos lo impone el mundo moderno no nos permite disfrutar realmente la vida. Todo el día corremos de un lado para otro; son miles las actividades que tenemos en la agenda diaria y todo va pasando como en “automático”: todas las actividades están ya programadas y poco tiempo nos damos para disfrutar a nuestra familia, nuestros amigos, para relajarnos viendo un atardecer o un amanecer. Esto no sólo nos afecta en nuestra relaciones interpersonales, sino que adema nos mantiene en un nivel de stress muy alto que en no pocos casos es causa de desordenes en nuestra salud y en nuestra estabilidad emocional. La actividad tan atropellante de nuestra vida ha hecho que el hombre moderno pierda la sensibilidad por las cosas espirituales y con ello se han desmoronado áreas fundamentales de la vida como lo es nuestra relación con Dios, que es la fuente del amor y la esperanza de la trascendencia. Cuando nos damos cuenta estamos ya enfermos o quizás… muertos. Es pues importante ver la forma de ir bajando nuestro nivel de agenda, nuestros compromisos que nos hacen correr todo el día, y sobre todo darnos un buen momento todos los días para estar y disfrutar con las personas que amamos, especialmente con los de nuestra propia casa y con Dios. Es un trabajo no fácil de realizar, pero si no lo logramos terminaremos siendo algo parecido a las máquinas, sin sensibilidad, sin amor, sin relación con Dios, habremos perdido nuestro sentido de eternidad y de trascendencia. Pongámonos atención a este aspecto tan importante de nuestra vida humana.
|
|
|
|
 |