 |
|
 |
Detalle
Domingo 16 de Noviembre del 2008
Al acercarse el 12 de diciembre es común ver por las calles las tradicionales peregrinaciones a la Basílica de Guadalupe. Esta es siempre una oportunidad para recordar que nuestra vida es precisamente eso, un transito, un camino hacia la casa del Padre y que este camino no lo hacemos solos, lo hacemos siempre en comunidad y bajo la protección y amparo de nuestra Madre Santísima. Es interesante ver como cada una de las situaciones que se experimentan al ir caminando, son un signo y un momento de reflexión en nuestro caminar cristiano, en nuestro caminar cotidiano hacia la casa del Padre, en donde a veces nos sentimos cansados por que nos parece que la meta está lejana; es ahí en donde la Comunidad nos apoya con su oración, con el Agua Viva de la Palabra, con la mano firme del nuestro pastor que no permitirá que ninguno se quede en el camino. San Pablo invitaba a la comunidad a que los fuertes ayudaran a cargar las cargas de los más débiles y esto es lo que hacemos con nuestra oración y en todo momento con nuestra solidaridad. El caminar juntos en oración es lo que hace una comunidad cristiana, no en una peregrinación sino en la vida cotidiana. Un signo importante en toda peregrinación son los Matlachines, que nos recuerdan que somos pueblo, un pueblo bendecido por Dios, un pueblo que busca convertirse y que, sin dejar de ser lo que era, se va transformando en una nueva creación bajo la mirada amorosa de nuestra Madre de Guadalupe. Somos un pueblo al que de manera especial Dios ha querido ligar a María Santísima en su camino. Participar en una peregrinación es un momento especial para dar gracias a Dios por la oportunidad que nos da de recordar que estamos en camino, todos unidos, que todos nos necesitamos y que delante de nosotros camina nuestra Madre Santísima hasta que nos entregue en los brazos amorosos del Padre Eterno.
|
|
|
|
 |