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Detalle
Domingo 7 de Diciembre del 2008
Podríamos decir que hoy, el estado de inseguridad que priva en nuestra ciudad ha llevado a todo mundo a establecer una serie de medidas de seguridad para prevenir cualquier tipo de problemas. Se han instalado bardas en donde no había, se han levantado y asegurado las que ya existían; se ha mandado instalar alarmas en las casas y en las oficinas; la gente cuando camina o maneja lo hace con más precaución y estando siempre alerta para poder reaccionar y evitar el peligro y hasta la misma muerte. Esta misma preocupación debería de existir también por nuestra vida espiritual, pues si bien es cierto que debemos cuidar y proteger nuestra vida física, lo es también y de manera especial, el que debemos cuidar nuestra vida espiritual, pues de ésta depende nuestra eternidad. Jesús, continuamente en el evangelio nos invita a estar atentos “pues no sabemos ni el día ni la hora en que regresará el Señor”; nos previene también en las cartas de San Pedro, de San Pablo y del apóstol Santiago sobre las acechanzas del demonio, que “como león rugiente” espera el momento más propicio para atacar. Jesús nos decía en concreto: “No teman a los que les pueden quitar esta vida; teman más bien a Aquel que les puede arrebatar la vida eterna”. El tiempo de Adviento es un tiempo especial para revisar si nuestros “sistemas de seguridad” realmente están operando. Es tiempo de revisar si en realidad estamos preparados para el regreso de Nuestro Señor… Es tiempo para ponernos alerta y no dejar que nos roben el tesoro más valioso que tenemos, que es nuestra vida eterna. Ojalá y la misma vigilancia que hoy tenemos para proteger nuestros bienes, nuestra vida y nuestra familia, la tengamos también para proteger nuestra alma y nuestra vida espiritual: Tengamos cuidado con lo que vemos, lo que oímos y lo que hablamos… detrás de estas actividades diarias se esconde Aquel que puede quitarnos la vida eterna.
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