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Detalle
Domingo 14 de Diciembre del 2008
A propósito de la fiesta de Nuestra Madre Santísima, la Virgen de Guadalupe, reflexionaba en el entorno que tenía el pueblo de los pobladores del Valle del Anahuac cuando se realiza la visita celestial. Nos encontramos con un pueblo destruido, que ha perdido la fe y el deseo de vivir pues sus dioses han sido vencidos y ya no existe esperanza para vivir. Un pueblo que siendo tremendamente religioso se ha paralizado ante el embate del infortunio; un pueblo que había dominado a todos sus vecinos porque tenían en su dios a su mejor aliado, a quien honraban con esmero; ahora eran el más pobre y desahuciado de los pueblos. Pues en medio de esta situación tan terrible, ocurre un portento que cambiará la vida de todo el pueblo y dará lugar al nacimiento del México que hoy vivimos. Un México mestizo, un México en donde hay esperanza porque Dios, el verdadero Dios por quien se vive, no ha muerto y se mantiene fiel a su promesa de acampar en medio de nosotros. Hermanos, la situación que hoy vivimos no es fácil y no lo será en los próximos meses. Que no nos vaya a pasar como a los moradores del Anahuac, que nos quedemos petrificados de miedo ante el narcotráfico, encerrados en nosotros mismos y nuestras pertenencias por miedo a la crisis económica. El tiempo que vivimos es un tiempo de dar, de abrirse a los demás, de anunciar con nuestra actitud que realmente creemos que Dios está en medio de nosotros y que la Virgen María, como madre amorosa, nos cuida y protege. Que serán tiempos difíciles, no lo podemos dudar, pero tampoco podemos dudar que valemos mucho para Dios y que nos sacará adelante, y que toda esta crisis dará como resultado un México más libre y justo en donde el Reino de los Cielos sea más visible. No temas… María te dice: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre…?”
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