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Detalle
Domingo 15 de Febrero del 2009
Uno de los regalos más maravillosos que Jesús quiso dejarnos es sin dudad el don del sacerdocio, ya que a través de él, El mismo continua realizando la obra salvífica, pues en el sacerdocio dejó a hombres débiles el poder de perdonar los pecados y de realizar entre nosotros su presencia Eucarística para que comiendo del Pan Vivo bajado del cielo no perezcamos. Sin embargo, como sucede siempre con el Señor, él invita pero cada uno de nosotros debe responder. Sabemos que en nuestra comunidad ha muchas vocaciones, una muestra de ellos es que este año ingresaron al Seminario diocesano 2 hermanos nuestros y otro más lo hizo con los “Hermanos de la Cruz”, comunidad carismática en los Estados Unidos. Estos se unieron a Luis, nuestro hermano que cursa ya el 3er.año de filosofía. Todos y cada uno de ellos, como yo mismo, crecí en una familia como la de todos ustedes y podemos decir, que ninguno de nosotros quizás es el mejor, ni el más santo de la familia… simplemente Dios nos llamó y respondimos generosamente para entregar nuestra vida al servicio del Señor en la Iglesia. Al celebrar el día del Seminario, la voz del Pastor nos vuelve a llamar… su suplica es hoy más que nunca actual y urgente: “Oren al dueño de la mies para que envíe trabajadores, pues la mies es mucha y los trabajadores pocos”. Sobre todo en esta oración pidamos que los trabajadores sean tomados de nuestras casas pues no hay una bendición más grande para una familia que entregar un sacerdote para la Iglesia. Recordemos, que sin sacerdotes no tendremos Eucaristía ni quien pueda, en el nombre del Señor, perdonar nuestros pecados; ni tendremos tampoco pastores que, entregándose completamente a la Iglesia del Señor, la conduzcan por el angosto camino de la salvación. Oremos pues para que el Señor tome de entre nuestros jóvenes a los futuros sacerdotes.
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