Mensaje del 22 de Enero, 2017.

Desde el tiempo de Navidad que nos propone el tema de la oscuridad del mundo, hemos ido predicando sobre la necesidad de ser luz, y de que esta luz ilumine nuestro mundo. Sin embargo, como ocurre de continuo, lo oímos, pero no hacemos nada para que esto suceda. En general la gente dice: “Es cierto, el padre tiene razón”. Pero finalmente las cosas siguen igual: En la oscuridad del pecado y bajo la sombra del demonio. Esta semana hemos sido testigos de esta oscuridad que se cierne sobre el mundo. Hemos visto lo que la indiferencia religiosa en las casas de tantos católicos puede producir. Hoy nos hacemos conscientes de que existen en las redes sociales grupos de jóvenes y adolescentes que promueven el asesinato de inocentes, que incitan a la violencia y a la depravación.

Hemos sido testigos de lo que produce una sociedad en la que se ha buscado sacar a Dios de todos los ámbitos. Y es que una sociedad sin Dios es una sociedad en manos del demonio que como dice la Escritura, “sólo busca matar y destruir”. No hacemos nada para que Dios regrese a los hogares de nuestra sociedad… estamos muy ocupados con las mil y un actividades que el mundo nos impone dejando al garete la vida de aquellos que nos fueron encomendados. Nos hemos convertido en unos cristianos irresponsables y cobardes. No queremos problemas, nos gusta la invitación de las pseudosectas cristinas que nos dicen: PARE DE SUFRIR. Nadie invierte recursos para la evangelización: Ni tiempo, ni dinero… NADA. El resultado lo vemos hoy en los periódicos.

Vemos una red social llena de chicos que están lejos de Dios y que adoran al demonio; jóvenes y adolescentes que pierden el sentido de la vida y de la Salvación. Que no tienen empacho para disparar a sangre fría y que sus compañeros ven esto como algo bueno y que ha de ser imitado. Chicos que son movidos interiormente por pasiones ciegas que son motivadas por el demonio para cometer los actos más deplorables que podamos pensar.

Te invito a tomar acciones, empezando por tu casa. A desarrollar una vida cristiana y a que veas que tus hijos la sigan. A sacar de casa todo aquello que es un instrumento del demonio para pervertir a nuestra juventud (video juegos, música inconveniente, uso restringido del celular – revisión de cuentas de redes de los hijos – revistas, etc.); no le podemos echar la culpa a nadie más que a nuestra indiferencia en la vida cristiana. Somos nosotros los que hemos dejado que el mundo guíe nuestras vidas y las ha llevado desafortunadamente al abismo.

Es tiempo de re-empezar. Manos a la obra, Jesús y su Madre Santísima nos ayudarán y nos darán las gracias para poder construir una sociedad en la que Dios vuelva a estar al centro de la vida.

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